Breve reflexión sobre el placer
Tres ejes de la sexualidad
Percepción tántrica
Comprensión Mindfulness
Trascendencia ontológica, el “Da-Sein”
Como una exquisita lucha entre lo simple y lo complejo, entre la demanda pulsional y el miedo, se encuentran cientos de dicotomías maniqueas que podrían escribirse sobre la sexualidad, aunque en realidad, todo se reduce a superar el lenguaje racional, y aprender a escuchar a nuestros sentidos.
Pero existen enormes barreras que participan como limitadores en nuestro desarrollo sexual pleno, como los tabúes, el “deber ser”, la mirada rectora de una sociedad que se basa en lo políticamente correcto, la pura y simple hipocresía, y no menos importante, la religión.
Dentro de la estructura de nuestra tradición fundante, la religión ha funcionado como un regulador de la moral, la ley de los actos sociales, y la rectora de lo correcto o lo incorrecto. Nada expresa relación alguna con ningún dios o creencia, sino ha sido una función autárquica, dónde la propia religión es autosuficiente para responder al todo.
Para salir de esa dinámica y devolverle a la sociedad sus deseos y valores, su autonomía pulsional, debemos romper con esta determinación moral y liberar el deseo, reflexionar sobre el verdadero valor y composición de lo correcto en relación al goce.
Hemos creído durante milenios, que el “deseo” es una manifestación de nuestra debilidad, alienado con entidades malignas, imponiendo el celibato como la forma perfecta de la conducta.
Pero si algo está claro, es que el celibato va en contra de nuestra propia supervivencia como especie, y por tanto nada más falso que esa concepción.
Cuando comenzamos a pensar profundamente en el deseo, en la virtud de sentir con pasión, en el goce, en la capacidad de escuchar nuestras demandas pulsionales, un torrente de libertad, de catarsis profunda nos vuelve plenos, llevándonos a una sensación de total y auténtica armonía.
Pero para que un mecanismo de “disforia postcoital” no nos agobie cuando las pulsiones se liberan, escuchando la culpa que nos transmitió e intoxicó la sociedad, debemos ingresar a una dimensión más profunda de nuestra consciencia, comprendiendo la causas históricas de esas leyes castradoras sociales de la moral.
A través de estos tres ejes de la sexualidad, podemos dar una “convencional” y sustancial respuesta idealizada de la sexualidad, logrando así una integración entre nuestros miedos morales y nuestros deseos.
Pero esta búsqueda de una idealización conceptual, no debe desacreditar clásicos mecanismos del placer, posibilidades con las que llegaríamos con mayor profundidad aún…, en muchos casos (no menos válidos y mucho más típicos de lo que suponemos), otras demandas sensiblemente viscerales, como la sexualidad carnal, los juegos de dominación, el goce ante la sumisión, la entrega compersiva del juego swinger, y hasta el dolor como mecanismo de placer, son opciones tan válidos como positivas, en tanto y en cuanto quienes juegan, tengan la madurez de comprender dichos juegos, evitando la culpa y considerando obviamente el deseo del “otro” como parte del proceso. Véase «La Perversión Positiva como mecanismo de estímulo«: https://gramade.es/la-perversion-positiva-como-mecanismo-de-estimulo/ . Por tanto esta reflexión apunta a una análisis con cierto sesgo de validez moral, intentando armonizar con las estructuras que nos han condicionado por tanto tiempo.
En el mismo sentido, el objetivo de esta reflexión se basa en buscar una respuesta más idealizada de una sexualidad plena, que logre la menor oposición de los detractores del sexo puro, fundamentados en el “amor” como única estructura válida del deseo sexual, “sin” que necesariamente tengamos que vincular el deseo con el amor.
En una estructura neurofisiológica, debemos recordar que el neurotransmisor por excelencia del sistema límbico (mecanismo cerebral de las emociones), es la Dopamina, que a su vez funciona de forma inversa que la Serotonina, definida como el neurotransmisor de la felicidad y el amor. En una síntesis un tanto simplista pero no por eso menos válida, la Dopamina y la Serotonina no funcionan juntas. Si tenemos un exceso de Serotonina, sentimos una disminución de la libido. Uno de los más clásicos efectos secundarios de los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS), como por ejemplo la Sertralina o el Escitalopram, es la disminución de la libido, al aumentar la presencia de este neurotransmisor.
Esta realidad empírica, contrastada, apodíctica o axiomática, pone en jaque esa relación romántica del amor sexual, o el sexo con amor, pues en esa dinámica, también ingresan “la propiedad”, el reduccionismo relacional social, las colopatías, y un sinfín de condicionamientos que limitan de forma condenable la libertad de tales amantes.
- La Percepción Tántrica
Quizás sea una de las formas más exquisitas de la percepción. También llamada como la “sexualidad consciente”, es una forma plena de sentir, de fluir, de aprender a escuchar nuestro cuerpo y descubrir a su vez el cuerpo del “otro” y de nuestro “Otro” en un análisis lacaniano.
Es una forma de espiritualizar el deseo, bajándolo a la pura percepción de los sentidos. Todo el cuerpo se transforma en un lienzo, cada rincón en un argumento con su propia fuente de goce.
La transferencia excitante y placentera del manejo del tiempo, la plena sensación del sentir, cómo la energía fluye entre los cuerpos, la ruptura del tabú con las zonas erógenas y directamente genitales, logran desmitificar la presión de orgasmo como único fin, para lograr tomar el control del deseo sin condicionamiento alguno.
Cuando la presión sale de nuestras demandas, cuando logramos liberarnos de la preconcepción clásica, el área septal, el motor del orgasmo dentro del sistema límbico, puede devenir cual resultado puro, pleno y natural de un estado de armonía, una respuesta final al deseo de un equilibrio interior.
El sexo tántrico no tiene por finalidad el orgasmo, sino el placer donde el orgasmo podrá ser o no el extremo final del clímax.
No es el fin de esta reflexión realizar un profundo análisis del sexo tántrico, sino marcar la función dentro de una trilogía que busca superar la concepción cosificada del sexo, aunque hasta la cosificación puede resultar una fuente de placer y no por ello debemos condenarla.
- La Concepción Mindfulness
Para poder profundizar más aún en la estructura del Tantra, vemos un puente directo a la esencia de la “conciencia plena”, de esta técnica o filosofía de comprensión de los sentidos.
A modo de ejemplo, uno de los clásicos ejercicios de Mindfulness, se basa en aprender a degustar, lenta y pausadamente, un trozo de chocolate, sintiendo cada rincón de nuestros sentidos gustativos, del tacto, de la viscosidad, como el objeto elemento se disuelve en la boca, lograr la totalidad del placer consciente, del sabor en toda su dimensión, y todo el torrente de sensaciones que podemos descubrir a través de la experiencia.
Ahora, llevemos esa elevación meditativa a los masajes tántricos, dejémonos fluir y lleguemos a construir esa capacidad de conciencia plena de cada sensación de nuestra piel.
Toquemos la piel del “otro”, con la misma conciencia profunda del placer, seamos puramente perceptivos como para escuchar con las manos los caminos, rutas y rincones que logren una elevación recíproca en ese juego del deseo.
Cuando esa conciencia plena se apodera del tacto, de los masajes, hay una respuesta cual partitura al piano. Un proceso de acción y recompensa que motiva la siguiente nota, llegando en su grado sublime a un concierto de los sentidos.
Y en esa búsqueda de un placer trascendental, llegamos a la elevación por antonomasia, al sentido último de lo “bello”.
- El “Da-Sein”
Este concepto sublime definido por Martín Heidegger, invoca el “ser ahí”, o la trascendencia de la mera cosa.
Asociado íntimamente al arte, a la expresión de lo estético, de lo bello, la búsqueda del “da-sein”, es la capacidad de mirar más allá de la cosidad, mirar lo que algo expresa, trascendiendo lo material.
Cuando miramos un cuadro, no estamos atendiendo a la tela y a los fluidos aceitosos de los óleos, sino que nos dejamos llevar por el mensaje que el autor nos quiere transmitir. Cuando vemos una película sublime en la televisión, no estamos mirando un mueble rectangular frente a nosotros, sino que estamos viviendo el mensaje que contiene la obra.
Esa capacidad de trascender la cosidad, de ver más allá de la piel de ese otro que goza con nosotros, de elevarnos a través del goce del otro y gozar con ese otro, así como la otra persona goza con nosotros, es una forma de sentir más allá de los sentidos.
Cuando somos capaces de entender el goce en el goce del otro, hemos logrado el primer paso para considerar el deseo sexual como una plenitud trascendental, profundamente íntima, despojada del apego del amor como propiedad, con la pureza y expresividad del placer en su máxima autenticidad y perfección.
Los invito a profundizar en aquellas lecturas sobre estos tres ejes conceptuales, y las posibilidades de leer la sexualidad a través de éstos pensamientos, los cuales seguramente resignificarán muchas estructuras del deseo, sin sentir la culpabilidad de la cosificación.
Y para aquellos que han superado el condicionamiento social, y pueden comunicarse con sus deseos, bajo la pura capacidad de escuchar las demandas pulsionales inconscientes, dentro del esquema de perversión positiva, sépanse libres de juagar el juego que vuestra imaginación les permita, pues dentro de la armonía, «todo está permitido«.