La Perversión Positiva como mecanismo de estímulo: Parte I (Fundamentación Teórica)

(Esta publicación está en desarrollo, e irá completándose y compartiéndose hasta su finalización)

La Perversión Positiva o la «motivación eterna»

  • Toda acción que vulnere la voluntad del «otro», que no pueda focalizar la «otredad[1]» como posición limitante de una conducta, está manifestando una disfunción psíquica, hacia el orden social.” Ramade – Resiliencia (2022).
  • De la misma forma que la «obra de arte» se constituye como tal, cuando el sujeto que la percibe trasciende la mera cosa para ingresar en el orden simbólico de lo bello, la disfunción de la violencia hacia el «otro», se constituye cuando se «cosifica» a un otro emocional sensible, perdiendo la interpelación identitaria, sobre el dolor o sufrimiento propio.” G.Ramade – Resiliencia (2022). «No le hagas a los demás lo que no quisieras que te hagan».

Este análisis pretende darle una reinterpretación a un diagnóstico anteriormente lineal, que podría caracterizar a las conductas antisociales violentas, inscriptos bajo el término “Perversión”.

Definición de Perversión RAE:

  1. Acción de pervertir o pervertirse en los vicios o costumbres.
  2. Inclinación antinatural en los instintos o el comportamiento.

Ingresemos a otra disquisición sobre las conductas consideradas disfuncionales, como lo son las perspectivas negativas y positivas de la perversión, que por su falta de aceptación social, inseguridad, concepto de propiedad, u otros elementos que intervienen en la frustración, no se diferencian correctamente las diversas estructuras posibles de dicha clasificación psicoanalítica, en referencia a los cometidos teleológicos de la perversión, mecanismos que comparten lineamientos en forma teórica, pero nada tienen en común, ni en lo potencial, ni en el acto.

El no diferenciar tipos de perversión, provoca un indebido y discriminador juicio social, imponiendo un techo de cristal (y no tanto) moral limitante, que no debe confundirse entre la evaluación de una conducta inadaptada, y una conducta progresista pulsional y de tendencia hedonista. (Destaquemos que el progresismo, si bien ha sido acuñado por los movimientos políticos de izquierda, no quita que es solo un apoderamiento del término, y no solamente no constituye una línea política, sino que es aplicable a todo proceso de tolerancia y evolución de los valores sociales. Podríamos establecer una dicotomía conservadora vs. progresista).

En una condensación del concepto y dejando de lado las causas psicoanalíticas de las diversas patologías inducidas por la idea de castración, el complejo de Edipo, o la forclusión del Nombre del Padre, la perversión tiene por mecanismo, el profesar una moral superior a la convencional social, mal definida como “antinatural”, si bien deberíamos definir primero que se considera como la “naturalidad”.

El perverso posee una dinámica de absoluta consciencia y mayor propiedad filosófica que el común social. Su moral “superior”, convalida sus actos bajo un principio de absoluta suficiencia y justificación, quitando por tanto en el proceso, toda posibilidad de arrepentimiento, pues si no hay un acto condenable por una conciencia individual, no puede existir la aceptación de la falta moral.

Pero en esta dinámica debemos considerar dos formas muy diferentes que en lo general se acuñan bajo el mismo concepto, y por tanto me atrevo a generar la dicotomía entre la “perversión negativa” y “la perversión positiva”.

  • Perversión Negativa.

Véase como: toda aquella actividad en busca del goce, efectiva o potencial, que vaya contra la voluntad de un «otro», o inhiba dicha voluntad por sumisión forzada o incapacidad inhabilitante, convalidada a consciencia por una moral superior del actor ejecutante.

Vayamos a la definición de la RAE de violencia: “Uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo.”

No necesariamente esta definición de “violencia”, constituye o especifica la voluntad de ese “alguien”. Tampoco es concluyente en la definición de si esa dominación va contra la voluntad del otro o no, pues se puede usar la fuerza e imponer dominación, y no necesariamente significa la desaprobación del otro.

La violencia se constituye en perversión negativa (exceptuando la fuerza), o lo que podríamos llamar “violencia negativa”, cuando no media la voluntad del otro.

Considero esa disquisición fundamental, para dar origen a múltiples interpretaciones sobre las conductas perversas, que a través de la tradición fundante y múltiples abordajes literarios se han establecido como concepto unívoco.

En el caso particular de la perversión negativa, media una violencia (uso de la fuerza física o moral) contra la voluntad de un “otro”. Eso implica aplicar el concepto de daño real, pero a diferencia de la violencia como expresión de fuerza, en el perverso participa la validación de su conducta por ese extremo de una moral que lo justifica. (En adelante abordaré las posibles causas de esa dinámica).

El Psicópata. “Definición: f. Psiquiatría. Anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece.”

Todas las conductas humanas, en tanto circunstancias típicas, tienden a la individualización en sus procesos escalables, hacia su autorrealización (Pirámide de Maslow), (EL Fin de la Historia y el Último Hombre – Francis Fukuyama). Es lógico que el psicópata no esté excluido de esa conducta de autorrealización individual, salvo porque en su proceso de satisfacer sus demandas pulsionales (sean sexuales o motivadas por el solo hecho de imprimir daño) se nutre de su moral superior, para usar las herramientas del sistema de seducción, con el fin de realizarse con el soporte de sus reglas morales.

Si bien la “ceguera no priva de delito al ciego”, las conductas delictivas esquizoides poseen una mayor tolerancia judicial que la del psicópata en su “Perversión Negativa”, pues es absolutamente consciente de sus actos y utiliza todo el aparato de su seducción, en una aparente atractiva empatía, que desaparece al lograr su cometido de cosificar al “otro”, cuando toma posesión dominante de su presa.

¿Qué podríamos discernir sobre el amor romántico de tantas canciones y películas, dónde se profesa un amor incondicional sin importar la correspondencia del otro? En la misma línea, cuando en el acto de amor no media la voluntad del “otro”, el sentimiento aparentemente romántico se inscribe en la perversión negativa, seguramente con rasgos obsesivos, y con claros trastornos celopáticos. Si bien el trastorno de la celopatía no lo he encontrado en el manual DSM V, lo considero toda una estructura de trastorno psicopatológico en las relaciones interpersonales y sociales.

El amor incondicional unilateral, suele justificarse en que el “otro”, va a “estar mejor” con el amor que el sujeto perverso profesa, y su moral le dicta que aunque no cuente con la voluntad de la persona amada, igualmente su conducta queda validada en su dinámica moral. Este extremo es muchas veces el motor del daño a terceros, en mérito a la defensa del objeto de amor.

En todos los casos, cuando no media la voluntad del otro, sea amor o mera demanda de posesión, violencia o sexualidad, el trastorno se estaría inscribiendo en la perversión negativa, al no mediar esa voluntad.

En relación a la violencia sobre un tercero, por defensa del objeto de amor (caso de la serie televisiva “You”), deja de ser perversión negativa directa, porque no hay goce en el acto, sino que solo se inscribe en una conducta delictiva hacia un tercero, simplemente un delito de violencia, asesinato, homicidio, etc..

  • Perversión Positiva

Véase la “Perversión Positiva” como: Toda actividad diferencial en busca del goce, atípica al orden social, preferentemente sexual, que provoque una reacción estimulante superlativa, «inspirada en una moral superior», concordante con la individualidad, inmanente al sujeto actor, o coadyuvante al “otro” y en su voluntad.

Es común asociar las conductas sexuales atípicas, con conductas perversas. Dígase el sadomasoquismo, la sumisión y dominación, las relaciones swinger, el exhibicionismo con la voluntad del o los “otros”, el juego con objetos, el cambio de roles, etc..

Todas estas conductas tienen por común con la perversión en su generalidad, en justificarse bajo una moral superior, y consideradas socialmente como disfuncionales, tanto por los ámbitos religiosos, como conservadores.

Volviendo al concepto de progresismo, la perversión positiva tiene la misma demanda pulsional que la negativa, en su moral no participa la culpa, aunque podría considerarse para muchos guetos, como una dimensión superior de la evolución, en la satisfacción de las demandas pulsionales.

Además de la principal diferencia de mediar la “voluntad del otro”, posee la particular dinámica de poner en riesgo el concepto de propiedad, lo que la transforma en un idea de moral sensiblemente superior en términos de libertad. A contrario de lo que se establece como el “sexo objeto”, en el esquema swinger se libera la propiedad del objeto de amor, por y para el goce a partir del goce del otro. Concepto de “Compersión” o adjetivo “Compersivo”, acuñado por las corrientes del “poliamor”, el cual lo establecen como “un estado empático de felicidad y deleite experimentado cuando otro individuo experimenta felicidad y deleite. Puede identificarse algunas veces como el orgullo que sienten padres por los logros de sus hijos o la propia excitación por los logros de amigos. Es usualmente utilizado para describir cuando una persona disfruta de sentimientos positivos cuando su amante disfruta de otra relación. Es el opuesto de los celos.” Dra. Deborah M. Anapol – Polyamory: The New Love Without Limits (1997).

Podría considerarse como un juego de trasgresiones, y una de las estructuras de relación de pareja de mayor durabilidad y más estimulantes entre las propuestas de sustentabilidad en el tiempo. Tiene una notable raíz conceptual en dichos mecanismos compersivos, se alimentan del vértigo al poner a prueba la propiedad del “otro”, presentándose ese esquema de libertad, como un camino de evolución en las reglas conservadoras de la propiedad privada. No solo no media la cosificación, sino que el nivel de control de la frustración genera lazos inmanentes a los valores de la pareja, por la seducción de los esquemas de seguridad individual.

En la perversión positiva, estamos bajo las mismas reglas que en la negativa, pero en las antípodas por el elemento diferencial maniqueo ente lo “bueno” y lo “malo”, concerniente a contar con la voluntad del “otro”.

La validación del concepto de perversión positiva, así como el Compersivo, tienen su viabilidad en tanto juega la empatía de no perder la voluntad del “otro” como eje fundamental. Al perder ese eje, la aparente compersión puede retornarse en perversión negativa, aunque pudiese ser en menor grado, al persuadir en el goce al “otro”, sin que el “otro” realmente desee entregarse al goce de un tercero.

Considero este análisis conductual como un punto de partida, hacia las múltiples terapias sexuales y recuperación de la libido de parejas de muchos años. La dicotomía de tipos de perversión redunda en una mayor comprensión sobre conductas antisociales reales y conductas aparentemente inmorales o como sugiere la RAE, el carácter “antinatural” de la perversión como concepto unívoco.

 

[1] Véase “otredad” en el sentido de comprender las limitaciones que tiene un sujeto frente a otro y no como en el sentido lacaniano, como un “Otro” con “O” mayúscula, en su análisis de la constitución fundacional del Yo.