La nueva «Vejez Activa»

 

– La belleza de sentirnos vivos

  • Parábola del águila: un motivo de reflexión

          “Cuenta la zoología que el águila puede vivir hasta los setenta años. Pero cual curiosa paradoja del destino, apenas en la mitad de su vida, sus plumas se tornan muy pesadas y casi no puede volar; sus garras, que siguen creciendo se curvan en demasía y ya no puede capturar presa alguna; su pico, que sigue creciendo, se curva igualmente demasiado y ya no puede alimentarse.

           Ocurre entonces que puede languidecer esperando el fin de su vida o (sabia naturaleza que ha dotado de tal instinto al bruto) puede agotar el esfuerzo de su último vuelo, subiendo a las zonas rocosas y allí, entonces, arranca sus pesadas plumas, desgarra sus garras y rompe su curvado pico contra las rocas; y sus plumas vuelven a crecer y sus garras vuelven a crecer y su pico vuelve a crecer y resurgiendo de la aparente muerte inexorable, armada con sus nuevas herramientas del vivir, despliega sus alas y surca por primera vez los cielos, en ésta, su segunda vida.” Dr. Gustavo Ramade (2005)

  • Primera experiencia educativa realizada por la Escuela Superior de Informática dirigida a la tercera edad. Julio de 1996Montevideo – Uruguay

            Cuan complejo resulta explicar la importancia de un concepto tan extraño a la vieja cultura, el que no entendemos si es moda, otra presión inventada por el comercio mundial para generar nuevos mercados, o simplemente un lenguaje de jóvenes. Como poder explicar, aunque con ello pequemos de líricos idealistas, si es que ser lírico e idealista fuese un pecado, la real experiencia de ver la viva imagen de veinte abuelas y un sacerdote enamorados de una herramienta que les permitía navegar por el mundo, comprar en otros mercados y pasear por las galerías del Louvre, desde aquellas computadoras en las que nunca creyeron comprender y que hoy, de forma casi inadvertida comenzaban a ser parte de sus vidas. ¿Cuántas personas conocen esta historia y cuántos saben que fue posible?. Como lograr que la sociedad conciba el concepto de una docente masajeando las manos de una abuela con artrosis, para poder tomar el “Mouse” y llegar donde su nieto recién llegaba, tan viva como todos y con tantas ganas de seguir soñando, hasta el extremo de preguntar ¿como hacía para comprar un computador para su casa?. ¿Es acaso que las abuelas han perdido el juicio y desean cambiar las agujas de crochet por direcciones de Internet?, o simplemente la razón radica en ser tan extraordinario el concepto que quienes apostaron a conocerlo hoy son parte de ello, sin importar su edad, cultura o conocimientos previos.”

            Seguramente con el devenir de la historia, con los avances de la humanidad, con cada incorporación tecnológica que haya influido en la vida cotidiana de los hombres, el sinónimo de progreso que conllevan los cambios, ha repercutido sensiblemente en la estructura social, provocando un distanciamiento entre las diferentes generaciones. Cada cambio efectuado al “sistema vida” ha incorporado en sí una visión de futuro, una realidad que no se percibe como presente en acto real, sino “pura potencia”“para los que vienen”, “para el futuro” o más común aún “eso es para ustedes, los que recién comienzan”.

            Complejo es determinar si los avances científico-tecnológicos respecto al efecto sociológico son “pura potencia” para “los que vienen” -visto desde la óptica de los hombres adultos- o por el contrario, esta falsación sobre la integración a los cambios, es producto de una resistencia al crecimiento personal, una dificultad de adaptación a la natural evolución del sistema, un desesperado intento por conservar los valores que durante toda una vida nos dieron la seguridad de conocerlos y nos acostumbramos a ellos, la excusa del papel y la pluma, la vieja máquina de escribir, es decir “puro temor en acto”, y un mal ejemplo para los que vienen y para los años ya vividos, así como la verdad de autoridad que les dio su experiencia.

            Sería excesivamente extenso y poco estimulante plantear los innumerables avances tecnológicos que influyeron en el común social, a los que todos se opusieron y sin embargo con el tiempo estos avances se tornaron una parte más en la vida cotidiana de todas las edades.

            Por tanto, con el transcurso de los años tenemos la OBLIGACION de continuar escuchando, de aprender, de seguir creciendo y creyendo, de sentirnos vivos, de dar el ejemplo siguiendo la frase Socrática “una vida sin examen no merece ser vivida”, pues cuando somos jóvenes tenemos las fuerzas de ir hacia el mundo, mas cuando los años nos van durmiendo las fuerzas, es el mundo que pedimos se nos acerque, es la tecnología la que debería suplir nuestro desgaste motor, y es en ese punto donde comienza la paradoja, los chicos metidos en las computadoras realizando sus compras en Internet, jugando al fútbol digital y las abuelas lavando su ropa en piletas de cemento y cargando sus bolsas del mercado.

            La respuesta a esta situación estaría centrada en el verdadero significado del valor “tecnología” e “informática”. Debemos brindarle a la sociedad  -fundamentalmente adulta mayor- la información necesaria para no temerle al crecimiento personal, creando las metodologías educativas necesarias para que esa información se transforme en conocimiento e interés de integrar la cultura tecnológica a la vida cotidiana de nuestros adultos mayores.

  • Propuesta. Analicemos la situación

            Pues ahora bien, los conceptos tradicionales en términos generales no cambiaron, manejar una computadora significa simplemente aplicar dichos conceptos ya existentes, como por ejemplo el mero hecho de trabajar con una máquina de escribir. Quienes posean mayor contenido conceptual y mayor experiencia, serían quienes podrían estudiar con mayor facilidad el manejo informático, para empezar en lo que a dactilografía respecta.

            Cuando en la vida se nos presentan problemas, acudimos a la experiencia de un adulto para conocer las posibles respuestas escritas por su experiencia. Esta experiencia es la que permite reducir las posibilidades de error, respecto al niño que aún no ha trazado su camino, ni ha forjado por tanto la experiencia que le indique el valor del universal de los conceptos.

            Este saber a dónde voy, porque lo hago y para qué sirve, es una de las grandes ventajas que un adulto posee sobre la memoria o entusiasmo de un niño, siendo así el valor fundamental que le permite captar  la utilidad de cada paso tomado.

            Tomando este concepto como punto de partida, y considerando que no posee mayor dificultad el estudio de la informática que la comprensión de conceptos sociales establecidos (pues las teclas de una computadora están en el mismo lugar que las viejas máquinas de escribir), entonces entraríamos en un claro enfrentamiento con la pública creencia de que la informática se aprende con mayor facilidad en los niños y jóvenes, porque son ellos los que poseen la mayor capacidad de aprendizaje como para desarrollarse con las complejas computadoras.

            Negar semejante teoría sería un tanto riesgoso al momento de pensar la demostración de la misma, pues en síntesis estaríamos resaltando que un abuelo de setenta años -a modo de ejemplo notario-, prototipo de nuestra sociedad, al que vemos demasiado cómodo como para que fructifique el intento de hacerlo estudiar informática, podría aprender con mayor “facilidad”, que un niño de diez años, de una familia de clase media, con escolaridad suficiente, como otro ejemplo puro, simple y claro de nuestra sociedad.

             Resumen: el niño no sabe para que sirve la máquina de escribir, ni llevar la contabilidad de la familia o una empresa, ni cual es el fin de un listado de clientes. El abuelo «sí» lo sabe. Solo cambia «aparentemente» la herramienta, aunque en una escala muy inferior a lo que el mismo abuelo pueda creerlo. El niño es muy hábil con los juegos, redes sociales y otro tipo de instrumentos de efecto directo o satisfacción inmediata, pero no tiene la capacidad de administrar, tiempo, conocimientos y finalidad. El abuelo sí. El niño no tiene conceptualizada la «papelera», el abuelo sí.

            Al demostrar esta teoría, estaríamos devolviéndole las esperanzas de actualidad al adulto mayor, ampliándole sus horizontes conceptuales, le permitiríamos llegar a ese lugar que al momento se piensa imposible de alcanzar, a la actualidad. Se incurre en un profundo error social al momento de valorar la capacidad del adulto mayor, pues el escollo de su poco entusiasmo, de su cansancio de vida, no posee relación con su capacidad, ni con su escala de valores, ni -a modo de ejemplo- la posibilidad de haber olvidado en qué lugar se tiran los papeles que ya no sirven.